viernes, 14 de julio de 2017

El mantra: “Maduro no es lo mismo que Chávez”

Por Agencia Afni.

Entre febrero y marzo del año 1989, las fuerzas de seguridad venezolanas, policías y militares, perpetraron una masacre en la ciudad de Caracas y aledaños con al menos 276 fallecidos a sus espaldas. En una nefasta legislatura a cargo de Carlos Andrés Pérez, su ejecutiva - con Moisés Naím a la cabeza como ministro de economía - asumió sin pestañear todas las recetas impuestas por el Fondo Monetario Internacional. La gravedad de las consecuencias fueron una población sin dinero para acceder a la comprar de alimentos y otros artículos de primera necesidad, abocada al asalto de supermercados y reprimida brutalmente con los cientos de muertos citados, miles de heridos y una cifra indeterminada de desaparecidos.

Esta pequeña reseña no es relativa al tema en sí que voy a tratar, pero espero que sirva a la reflexión para todos aquellos que no supieran de ella, de lo que era Venezuela antes del triunfo del Proceso Bolivariano. Ojalá les sirva para establecer relaciones causa-efecto con las victorias electorales posteriores. Y que explique a los escépticos el “hipotético” “apoyo popular” que ha tenido el Gobierno durante década y media. También para que se cuestionen el por qué hechos tan preocupantes no fueron apenas noticia – de hecho, nadie que no esté vinculado a una militancia muy comprometida y cuestionada ha sabido de ellos – ni durante el año que se produjeron, ni ahora, que Venezuela está hasta en la sopa, siendo un flujo constante e incesante por la pequeña pantalla de mierda noticias con connotaciones negativas.


“Maduro no es lo mismo que Chávez”. Eso dicen sus detractores, políticos y periodistas, que vergonzosamente abarcan todo el espectro político, para otorgarle al fallecido Comandante las virtudes que ya están dispuestos a reconocer, ahora que los datos desde el año 2000 en adelante (referentes a la reducción de la pobreza extrema, a la alfabetización plena, o el acceso a los más elementales de los servicios por toda la población, y no sólo la mitad) son incontestables. Reconocimiento proveniente de organizaciones tan marxistas-leninistas como FAO, UNICEF, ONU o CEPAL (¿¿hacen falta referencias??). “Chávez hizo cosas buenas, y Nicolás Maduro se las cargó”. El argumento podría ser sometido a debate si no fuera porque lo sostienen aquellos que obsequiaron a Chávez con los mismos improperios y descalificaciones en vida que los que ha recibido su sucesor, y negado los estudios de esos organismos internacionales. NO CUELA. “Maduro no es lo mismo que Chávez”. Eso dice la cúpula podemita, durante años cobrando un sueldo de Caracas por mediación de la Fundación CESC, que realizaba trabajos (demasiado bien remunerados, por cierto) para los diversos gobiernos izquierdistas de la región. “Chávez era un político de raza, y Maduro un conductor de autobús”. O sea, a mí no me pregunten por lo que está pasando allí, que de eso hace muchos años, y nosotros no tenemos nada que ver con el personaje que está ahora dirigiendo el país. Qué cobardía. Dónde habrán quedado todos esos debates de La Tuerka y Fort Apache con los que tanto aprendí. Con ese posicionamiento pretendían redimir pecadillos de juventud, y era la penitencia que debían pagar para ser el producto político promocionado por La Sexta los canales de televisión privados españoles. “Maduro no es lo mismo que Chávez”, remarcan finalmente algunos compañeros de viaje en esta cruzada de los que defendemos lo indefendible frente al pensamiento dominante. Quién sabe si con razón, si es que la gestión anterior objetivamente fuera mejor que la actual. Les preguntaría.. ¿hasta el punto de ponerse de perfil y no mostrarle nuestro apoyo en nuestra acomodada Europa? ¿Hasta el punto de dejar hacer a una oposición feroz que tirará por tierra lo mucho o poco logrado tan poco alcancen el poder?
Maduro es el heredero del legado de Hugo Chávez Frías. El designado por Hugo - y por ende, su partido el PSUV - de preservar y mejorar el Socialismo Bolivariano (o por lo menos intentarlo, para los que se la cogen con papel de fumar) en el punto que se quedó. El encargado de proseguir de modo natural los procesos políticos que se llevan a cabo, más allá que el lector esté de acuerdo o no con ellos, para los que así ha sido ratificado en diversos comicios nacionales todos estos años. Por ello, si los ataques de la prensa occidental son exactamente los mismos antes que ahora, es sensato pensar que estamos hablando de dos políticos con una filosofía y práctica pareja, con similares errores y aciertos en su valoración global. La militancia comprometida aunque pueda tener sus diferencias con él, jamás, jamás, debe olvidar a quién tiene enfrente. Desmarcarse de Nicolás como hace Podemos, para quitarse el estigma que significa querer hacer carrera política remunerada en España, teniendo el currículo manchado por haber estado a sueldo de esos gobiernos, TAMPOCO CUELA. Del político de turno o el cuñado tertuliano habitual de los horarios de máxima audiencia - que reconoce mínimas virtudes del pasado para rodearse de un falso aura de objetividad cuando se pone a dar los posteriores palos - no compensa decir nada, ya que su ventajismo, cinismo, y doble rasero les hacen tener la credibilidad por los suelos, y no me compensa ponerme a discutir sobre paniaguados.


La excarcelación de Lepoldo López, cumpliendo pena de prisión por incitación a un golpe de estado, y responsable de los terribles disturbios ese año 2002 que ocasionaron 43 muertos (¿el lector no sabe de lo que estamos hablando? ¿Invenciones del articulista? Si se encuentra en ese punto, le queda un largo camino por recorrer en el que aquí no puedo detenerme) ha vuelto a cuestionar su figura entre quienes añoran al antecesor y son conscientes de la situación de caos y terror que la extrema derecha y sus guarimbas han propiciado. La excarcelación es a todas luces injusta, y no creo que nadie del gobierno, de puertas para dentro, reconozca beneficio alguno en ella. No se trata de ningún error porque no son tan tontos de poder haberlo cometido. Se trata de una claudicación, porque en la política, hay batallas que ganas – pocas – otras se pierden, y a menudo tienes que firmar acuerdos que no te gustan para evitar males mayores. ¿Antes no se hubiera permitido? La izquierda implicada en España es libre de tener la opinión que considere, pero la decisión atañe a las bases de allí, que son los que ponen los muertos encima de la mesa. Con el fascismo venezolano, ciertamente, no se puede negociar (con los partidos opositores que respeten el orden legal vigente, sí, pero están desaparecidos). Si los hechos se recrudecen, aquí lo achacarán a la liberación del golpista. Yo advertiré, porque es justo por lo menos meditarlo, si prolongar su merecido encarcelamiento, vinculado a una condena, no habría conllevado represalias terroristas todavía peores.
Y hablando de amnistías e indultos, el año 2007 Hugo Chávez liberó a todos aquellos implicados en el golpe de estado que sufrió años atrás que no tuvieran delitos de sangre. No se ha tratado de una búsqueda exhaustiva y cogida por pinzas para buscar analogías entre los dos dirigentes y sus decisiones. Cualquiera que lleve años informándose del asunto y comprometido con la causa ya lo supo en su momento y lo tiene grabado en la memoria. Las causas son claras. El acoso mediático internacional, las revueltas callejeras, los cierres patronales o los ataques diplomáticos han sido una constante en esta etapa política, con ambos presidentes. Y por tanto, anteriormente las oportunidades de haber hecho concesiones y rendiciones parciales contra un enemigo muy bien perpetrado y sin escrúpulos también acaecieron, y a veces se consumaron. Ningún ser humano, por sobrado que ande de valentía y carisma político es perfecto ni infalible.
Probablemente hay una parte de la izquierda organizada que para la mayoría de la población nos lo tenemos que hacer mirar. A los políticos que condicionan el sentido común dominante y aprovechan todos sus recursos para echarnos a toda esa población encima, les preguntaría cuál va a ser su modelo de desarrollo en el caso que - Dios no lo quiera – sus justificadas cruzadas contra las dictaduras de Venezuela, Siria y tantos otros países en guerra que ahora están en el limbo de la victoria y la derrota, acaben fracasando. Y con el petróleo de las democracias del Golfo no nos llegue para sostener nuestros modelos de sociedades. ¿Tienen plan B?
Menudo papelón para los que hacemos política. Más para unos que para otros.


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